La niña se va al mar

Leyendo un poema en 8º de EGB

Leyendo un poema en 8º de EGB

Debería ser la víspera del 28 de febrero de 1986. Yo tenía 13 años y cursaba 8 de E.G.B. Me tocó leer un poema de Alberti en la fiesta del Día de Andalucía. “La niña se va al mar”. Todavía recuerdo la exclamación de aprobación de Don Ramón cuando terminé de leerlo. Sentirse apreciado y animado por tus maestros es una sensación extraordinaria.

Ayer, mi mujer y sus compañeros de promoción se reunieron y comieron con Don Ramón, Doña Isabel y Doña Mari Ángeles Trigo. Los recibieron con un aplauso merecidísimo. Es evidente que ellos hacían su trabajo pero no es lo mismo hacer tu trabajo con cariño y entrega que hacer simplemente tu trabajo.

Ahí va el poema de Alberti.

La niña se va al mar

¡Qué blanca lleva la falda
la niña que se va al mar!

¡Ay niña, no te la manche
la tinta del calamar!

¡Qué blancas tus manos, niña,
que te vas sin suspirar!

¡Ay niña, no te las manche
la tinta del calamar!

¡Qué blanco tu corazón
y qué blanco tu mirar!

¡Ay niña, no te los manche
la tinta del calamar!

Rafael Alberti

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Campo gravitatorio con Geogebra

Resolución de problema de campo gravitatorio

Resolución de problema de campo gravitatorio

En 2º de bachillerato se estudia el campo gravitatorio y se resuelven problemas de cálculo de la fuerza (o la energía potencial) de una masa debidas a la interacción con otras dos masas, y otros en los que se determina la intensidad de campo (o el potencial) en un punto debidos a otras dos masas.

En estos casos, se hace necesario realizar cálculos de distancias, determinar vectores unitarios y utilizar diversas fórmulas y sumar vectores o escalares aplicando el principio de superposición. Estos problemas, sobre todo cuando implican vectores, suponen una tarea realmente complicada para los alumnos. Es conveniente aplicar siempre un mismo procedimiento de resolución y ejercitarse con diferentes situaciones y valores numéricos. Con las siguientes animaciones diseñadas con geogebra, esto es posible. El alumno puede cambiar las posiciones de las masas y sus valores, puede decidir si ver solo el resultado o también el desarrollo completo de la solución.
En breve las usarán mis alumnos de este año. A ver qué opinan de ellas.

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Planos para trabajar escalas

En la línea de ofrecer a los alumnos de la ESA del IEDA ejercicios con variantes para trabajar diferentes aspectos del currículo, he preparado una simple animación flash que puedo modificar añadiendo planos y cambiando los existentes y que podéis ver a continuación. Basta con hacer clic sobre la imagen para ejecutar la animación. Luego pulsando sobre el botón “Obtener plano” la animación sortea uno de los 6 planos posibles. En el caso de que algún alumno tenga dificultad para trabajar el ámbito científico-tecnológico, podremos indicarle que haga clic hasta obtener uno de los planos que resulta más sencillo de trabajar.

Saludos.

Generador de planos de Antonio González bajo CC BY

Generador de planos de Antonio González bajo CC BY

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Winter is coming

Lavandera blanca por Andreas Trepte bajo CC BY SA

Lavandera blanca por Andreas Trepte bajo CC BY SA

Eso reza el mantra de Juego de Tronos, pero desde tiempo inmemorial el frío llega, no atraído por una serie televisiva, sino con las lavanderas blancas. Hasta ayer no me percaté de una de ellas. Debe ser que estoy un poco liado últimamente. Estos pajarillos de andar nervioso viven por estas latitudes durante el otoño y el invierno. ¡No me digas que no te habías dado cuenta de su presencia! Ya, te dedicas a esperar golondrinas y primaveras. Pues las lavanderas son bien bonitas y el frío tiene también su interés. ¡No todo va a ser vida lisonjera, sol y playa!

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¡Un calentureroooooo!

¡Qué cosas tiene la vida! Se lleva uno desde la más tierna infancia huyendo de una especie de abejorro, y a los 40 años descubre que se trata de una mariposa. Sí, amigos. El famoso calenturero, ese que nos hacía correr despavoridos cuando llegaba al patio de casa a libar inocentemente de las flores, ese que supuestamente si te tocaba te producía unas fiebres espantosas, es una inofensiva mariposa, la Mariposa Esfinge Colibrí. Le debe su nombre al parecido de su vuelo con el del colibrí. Me encanta descubrir estas cosillas. Os dejo un video para que veáis al monstruo en acción. ¡Verdaderamente terrible!

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Olor a primeras lecturas

Antonio en la puerta de su abuela

Antonio en la puerta de su abuela

– Antonio, ¡no te bajes del umbral!
– No, abuela.
Un niño de unos cuatro años mira como el director del colegio cierra la cancela. Puede ser septiembre y algo más de las nueve. La cancela es verde y mucho más pequeña que las tapias del colegio. Es como si alguien hubiera querido proteger la escuela de algún mal, pero no hubiera tenido presupuesto para colocar una cancela acorde a las nuevas tapias.
La abuela Dolores, que sabe de las ganas de su nieto por descubrir lo que se encierra en la escuela, lo mira desde su hamaca, y se sonríe mientras remienda de memoria unos calcetines. Antonio con las manos metidas en los bolsillos de un pantalón corto con tirantas, mira fijamente el ritual de cada día. Don Francisco, con la cabeza gacha y aire cansado, flanquea con dos pasos cortos la puerta, primero cierra una hoja de la cancela, luego la otra y finalmente se agacha para echar el cerrojo. Un gemido metálico pone fin al sueño de Antonio. Don Francisco, con la vista perdida, se pierde de la de nuestro infante mientras la algarabía se va extinguiendo dando paso al orden y concierto de los dictados. Antonio, todavía sin moverse del umbral, levanta un poco la cabeza y aguanta la mirada al señor de bigotitos que lo mira sin pestañear desde un azulejo en la fachada. Es el dueño de este y de todos los colegios, le dijo la abuela hace tiempo, y se llama como el director. Antonio se sacude la mirada congelada del señor importante y de un respingo, se gira y corre hacia el comedor. A los pies de su abuela lo espera una sillita de aneas.
– Abuela, ¿por qué yo no puedo entrar en la escuela?
– Porque eres muy pequeño todavía, le explica en un tono cansino.
– Yo no soy pequeño, yo quiero entrar en la escuela, replica Antonio mientras ensilla a un vaquero de plástico azul eléctrico en un caballo negro demasiado pequeño.
A fuerzas de observar cada día el mismo ritual, ese mismo curso Antonio se hace amigo del director. Un día la insistencia del pequeño se ve recompensada con una visita al despacho de Don Francisco. Allí hay muchas cosas: libros, papeles, carpetas de colores, tijeras, sellos y sobres, una máquina de escribir y hasta unos pasos de Semana Santa en miniatura. En una esquina de la mesa del despacho, el objeto más deseado por todos los niños: la campana. Antonio no quiere tocarla como ansía el resto. Después de la campana todo el mundo sale corriendo y la escuela se queda vacía.
– Don Francisco, ¿el año que viene puedo entrar ya en la escuela?, pregunta Antonio mientras garabatea en un papel sucio sentado en el filo de la silla de las visitas y alzando los hombros en una postura imposible.
– No Antonio, el siguiente.
– ¿De verdad?
– De verdad de la buena.
Los dos años pasaron a fuerza de decenas de preguntas sin respuesta, a base de cientos de leches migadas, después de miles de carreras tras los gatos de la abuela y de incontables donaciones de rodilla al cemento de la acera. Pero el día llegó y Antonio cruzó la cancela verde con su carpeta a la espalda, y pasó de largo por delante de la puerta del despacho de Don Francisco. Hoy ya no viene de visita, hoy viene para quedarse hasta que algún niño afortunado toque la campana. Los olores del colegio ya le eran familiares pero ahora puede llegar hasta donde nunca había llegado, hasta cualquier rincón de la escuela. La abuela ya se volvía de espaldas al colegio cuando el pequeño la busca con la mirada. Ella a su vez se busca con la mano derecha la toca negra del hombro por el que siempre se le escurre, el zurdo. Una clase, una mesa, una silla, un lugar en el mundo.
Un tiempo después, no es nada fácil cuantificar en los cajones antiguos de la memoria, Antonio ya hojea su cartilla Palau. Doña Pilar, una maestra mayor y enlutada, le enseña a leer. La a de araña, la e de elefante, la i de iglesia, la o de ojo, la u de uva… El mi mamá me mi mima le aburre. Doña Pilar anota en la esquinita de la página que Antonio sabe leer una cruz al terminar la ansiada sesión de lectura diaria. Un día, una página, una marca de grafito. Pero Doña Pilar no viene desde hace unos días a clase. La ausencia de la maestra se traduce en más aburrimiento y la ansiedad por avanzar le hace pergeñar un plan infalible. Pondrá una cruz en la página de la ga, gue, gui, go, gu y así podremos pasar directamente a la siguiente. Doña Esperanza viene un rato a dar de leer y no se dará ni cuenta. Así es. Al día siguiente tres cruces torpemente escritas delatan al pícaro aprendiz de lector.
– Antonio, ¿seguro que esta página ya la hemos leído?
– Claro señorita, mira la cruz.
– Bueno, venga. Entonces, ¿cuál te toca hoy?
– La xa-xe-xi-xo-xu.
Maestra y alumno se sonríen. Ella tranquila, el nervioso porque se la juega. Teme haber sido demasiado atrevido. Teme no ser capaz de leer esta hoja tan difícil y tener que repetirla mañana. Cuando la termina, suspira y una felicidad enorme le inunda su cuerpecillo. Ya no queda casi nada. Antes de que llegue el verano estrenará otra cartilla, la de los mayores.
Años más tarde, en una de esas visitas a Puente y Pellón en busca de ropa a crédito de un ditero, Antonio y su madre se cruzan con una señora enlutada. Antonio la reconoce por su perfume y le tira a su madre de la mano.
– ¿Qué quieres, miarma?
– Es la señorita Pilar.
– ¿Seguro?
– Claro mamá.
Hoy, tres décadas después puedo afirmarlo como maestro que soy: el olor de quien te enseña a leer, nunca se olvida.****************
Mayti, me invitó haces unos días a participar en su nuevo blog contando mis recuerdos de cuando aprendí a leer. Me pareció una muy bonita idea: maestros y no maestros, rememorando sus inicios como aprendices lectores. No pude resistirme. Aquí puedes ver mi aportación en su blog donde ya aparecen otras. ¡Larga vida a este precioso proyecto!

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Vivir es fácil con los ojos cerrados

Fresas.

Fresas. Algunos derechos reservados por Daniel Rocal.

Todos necesitamos un campo de fresas eterno donde refugiarnos. Apurar y saborear cada momento de tu vida. Maestros que te dejaron marca. No tener miedo a sentir. Abrirte en canal y darte a los otros sin miedo. Cerrar los ojos para soñar. Madres que planchan sin descanso mientras escuchan la radio. Plazas de abasto donde se aprende más que en la escuela. Maestros malos que hacen buenos alumnos. Hermanos mayores que te obligan a decir cosas inteligentes o desternillantes a cambio de algo de espacio. Bancos que dan créditos. Partidos políticos que no reciban 4 veces más subvenciones que toda la industria cinematográfica de su país. Protesta para llegar al poder y cambiar el mundo.

De esto esto se habla en la entrevista que Javier Gallego le hace en su programa Carne Cruda 2.0 de La Ser a David Trueba, ese escritor, director, letrista,… que fue amigo de Azcona y que no fue a la escuela hasta que tenía 7 años. El programa dura más de una hora y media pero no tiene desperdicio. Desde el principio en el que se nos muestra a nuestros políticos en estampida cuasi “serenguetiana”, hasta el final en el que dos policías nacionales de ficción dejan su “road movie” a través de la geografía facha de España por falta de presupuesto, he disfrutado y mucho.

La última película de David Trueba tiene muy buena pinta. Cuenta la historia de un héroe pequeño que hizo realidad su sueño, un maestro que enseñaba inglés a sus alumnos usando canciones de “The Beatles”. Un héroe, que con su contacto efímero con la estrella de la música, consiguió que, desde 1966, todos los discos de estos monstruos llevaran impresas sus letras.

En la vida hay muchos pequeños héroes que hacen enormes heroicidades. Yo conozco a uno que antes cerraba sus ojos para sobrevivir y ahora lo hace para soñar. Va por ti.

Help! I need somebody,
Help! Not just anybody,
Help! You know I need someone,
Help! When I was younger, so much younger than today,
I never needed anybody’s help in any way,
But now these days are gone and I’m not so self assured,
Now I find I’ve changed my mind, I’ve opened up the doors.
Help me if you can, I’m feeling down,
And I do appreciate you being ‘round,
Help me get my feet back on the ground,
Won’t you please, please help me?
And now my life has changed in oh so many ways,
My independence seems to vanish in the haze,
But ev’ry now and then I feel so insecure,
I know that I just need you like I’ve never done before.
Help me if you can, I’m feeling down,
And I do appreciate you being ‘round,
Help me get my feet back on the ground,
Won’t you please, please help me?
When I was younger, so much younger than today,
I never needed anybody’s help in any way,
But now these days are gone and I’m not so self assured,
Now I find I’ve changed my mind, I’ve opened up the doors.
Help me if you can, I’m feeling down,
And I do appreciate you being ‘round,
Help me get my feet back on the ground,
Won’t you please, please help me?
Help me, help me Ooh.
¡Ayuda! Necesito a alguien
¡Ayuda! no a cualquiera
¡Ayuda! sabes que necesito a alguien
¡Ayuda! cuando era más joven, mucho más joven que ahora
Nunca necesité la ayuda de nadie en modo alguno
Pero ahora esos días han acabado ya no estoy tan seguro de sí mismo
Ahora he cambiado de opinión, he abierto las puertas
Ayúdame si puedes, me siento deprimido
Y apreciaría mucho tu compañía
Ayúdame a poner los pies en el suelo
¿No por favor, por favor ayúdame?
Y ahora mi vida ha cambiado de muchas maneras
Mi independencia parece desvanecerse en la niebla
Pero de vez en cuando me siento tan inseguro
Sé que simplemente te necesito como nunca he hecho antes
Ayúdame si puedes, me siento deprimido
Y apreciaría mucho tu compañía
Ayúdame a poner los pies en el suelo
¿No por favor, por favor me ayude?
Cuando era más joven, mucho más joven que ahora
Nunca necesité la ayuda de nadie en modo alguno
Pero ahora esos días han acabado ya no estoy tan seguro de sí mismo
Ahora he cambiado de opinión, he abierto las puertas
Ayúdame si puedes, me siento deprimido
Y apreciaría mucho tu compañía
Ayúdame a poner los pies en el suelo
¿Por favor, por favor, no me ayudarás?
Ayúdame. ayúdame, oooh!
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