Road to Iceland (part 7)

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Cuarto día en Islandia. El desayuno en el office del hotel es bastante bueno. Nos llama la atención que en la pared donde están todos los alimentos y utensilios de cocina haya colgada una buen ristra de cuadros con fotografías de los dueños. Los cuadros cuentan su historia familiar incluyendo la construcción del hotel.
Podríamos ir andando al instituto, son sólo veinte minutos andando pero una de los ángeles de Hveragerdi viene a por nosotros. El centro forma en técnicas forestales, agrícolas y ganaderas a alumnos adultos. Algunos, los menos, viven lejos y estudian online. El centro es un más que agradable lugar de trabajo. Se respira quietud y paz. El patio central es una especie de invernadero. En el comedor nos esperan los profesores y alumnos de Polonia e Italia. Besos y achuchones varios, preparamos sándwiches y, ataviados adecuadamente, nos vamos a hacer senderismo. Vamos con retraso porque a los italianos les perdieron las maletas y Elisabetta ha tenido que comprar unas botas.

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La ruta comienza en alto en un paisaje casi lunar lleno de rocas volcánicas. Descendemos por un cañón disfrutando de magníficas vistas. Nos cruzamos con varios grupos de excursionistas a caballo. Entonces, llega uno de los momentos más divertidos y curiosos del viaje. Dos riachuelos, uno de agua muy caliente y otro de agua fría, confluyen formando uno de agua lista para bañarnos. Sin dudarlo un segundo nos despojamos de chaquetones, polares, camisetas térmicas y botas de montaña y estamos en bañador sumergidos en agua caliente en medio de una montaña de origen volcánico. ¡La caña! Sin duda un magnífico sitio para que un trocito tuyo esté allí para siempre.

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Al salir, en contra de lo que podrías esperar, no pasamos nada de frío. Nos vestimos tranquilamente y nos tomamos el sándwich. La ruta continúa valle abajo hasta el lugar donde nos espera nuestro microbús. De allí vamos a la piscina municipal donde tomamos de nuevo baños de aguas calientes. Las piscinas recogen aguas de fuentes naturales. Tumbados bajo las nubes y sumergidos en agua caliente, conocemos a un chaval de Zaragoza y otro italiano que están en Hveragerdi en un programa europeo de voluntariado (como Juan Morata). Ellos nos dan a conocer el único sitio de copas del pueblo: Rose. Lo probaremos.

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En el baño una máquina revolucionaria nos abre las puertas de la innovaiduría. Es una especie de papelera de forma cuadrangular y con una tapa en la cara superior. Por la tapa se mete el bañador mojado. Se tapa de nuevo presionando y un extraño proceso se desencadena en sus tripas. Al cabo de unos segundos sacas tu bañador seco. Una innovación basada en la ley de la inercia de Galileo que aún no ha llegado a Sevilla. Lo mismo es que no hace ni falta jajaja. Intentamos volver al hotel andando pero otro de los ángeles de Hveragerdi nos recoge en la furgoneta y nos lleva. Estas chicas aparecen de detrás de las piedras en el momento adecuado y en el lugar preciso. Imagino que serán ancestrales poderes heredados de los vikingos.

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La cena es en el instituto, una barbacoa tradicional islandesa a base de cordero asado y diversas salsas. Está rico. En ese momento llega el grupo turco formado por el coordinador Ercan y dos alumnos: uno de 18 y otro de 36 años. Ambos estudian la especialidad de electricidad de formación profesional. Ali, el más joven, entiende algo de inglés. El segundo ni papa.

Durante la cena los polacos nos agasajan con vodka y las señoras, in the nearly sixties, nos cantan canciones populares de letras indescifrables. Las islandesas se animan y cantan otra canción popular con Gurry como maestra de ceremonias. La bel-la Italia no canta y tengo que sacar mis tonos de barítono para entonar un Sole mío que arrancó los oles de las señoras polacas, siendo designado desde entonces como “Antonio for president”. Elisa es la más animada de todas. Una señora de 59 años técnico de laboratorio medioambiental que decidió escribir a la coordinadora polaca para participar en el proyecto. Elisa piensa cómo decir cada frase en inglés extrayendo una a una las palabras necesarias de algún baúl de sus recuerdos infantiles. Otra Polish lady tienen un nombre inolvidable para nosotros: pronunciado Babucha. Jeje.

El vino español vuelve a regar la sobremesa. La garrafa de 2 litros de vino dulce de Lourdes está dando para mucho. En la cena hemos podido saludar a la cuarta chica islandesa, Brynja. A pesar de tener una rodilla fastidiada, ha querido estar con nosotros. En sus ojos brilla una lágrima contenida. Resulta llamativo que el encuentro en Sevilla haya creado lazos afectivos tan fuertes. Esta Europa sí mola, la de la troika no.

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Acerca de Antonio González

Profesor de Física y Química. Actualmente trabajo en el IEDA como profesor de adultos online.
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