Road to Iceland (part 5)

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Aprovecho que tenemos un hora de furgoneta por delante para retomar el hilo de mi cutre-relato. ¿Dónde lo dejamos? Ah sí, Big Brother.

Ya os dije que mi proverbial ímpetu de explorador había quedado capitidisminuido cediendo protagonismo a mi ansiedad por dormir tras 23 horas sin planchar la oreja. Así que mientras 5 zapadores IEDAis hacían una incursión entre los estudiantes reikiavinos, yo decidí darme una singular ducha. Doblemente singular tengo que decir aunque pueda trastornar la integridad de vuestro sentido de la lógica. Si es singular, no debe ser doble ¿no? Pues sí, la ducha fue singular porque fue una y porque los vapores sulfurosos son muy suyos. Imagínate que te llevas pelando huevos duros 24 horas en una cocina herméticamente cerrada. Pues así olía en el baño durante y tras la ducha. Es lo que tiene que estos islandeses se empeñen en aprovechar sus fuentes naturales de energía. El agua fría es potable y su hermana, la más formal, la menos fresca huele a demonios pasados por agua y mejor, no la bebas. Después de la ducha me corté en dos mitades, me puse dos buenas raciones de mayonesa sobre cada una de mis mitades y me espolvoreé unas hiladuras de yema, por “decorá más que ná”. Desgraciadamente no me quedó ninguna extremidad para grabarme y subir el video a Youtube.

Bien pues duchado conseguí dormir. Y entonces, ¿lo de Gran Hermano? Es que no os he dicho que nuestro apartamento es un coqueto quatre-vingts mètres carrés con dos habitaciones (una para los 4 faunos y otra para las 3 ninfas), una funcional cocina y un acogedor salón. Todo divinamente decorado de Ikea. So white and in a bottle… Gente durmiendo junta y decoración by Ikea… Gran Hermano. Realmente mis compañeros de viajes no se merecen esta difamación por mi parte aunque… Bueno de los ronquidos y de mi sed de venganza ya hablaremos. Isa estoy penando mis pecados, espero que esto te reconforte.

Bien. Ahí me veis. Debajo de un nórdico (espero que nadie dude entre la prenda y el ciudadano norteño), con los oídos medio atorados por unos tapones y vistiendo un magnífico antifaz australiano patrocinado por Maribel’s fashion. Seis horas de vellón una detrás de la otra dormí y como se dice en mi pueblo, me supieron a palito.

Así que solo faltaba desayunar a la andaluza para estar ready to conquer Reykjavik. Sumando mis monodosis de aceite y capuchino en sobre, las pequeñas “diócesis” de mantequilla, el pan y el jamón de José María, la leche condensada de my sweet Eduardo, la mermelada de La fábrica de Esther, el fantástico té de Lourdes y un surtido de galletas de Gemma… Se obró el milagro.

Creo que es tiempo de soltar el móvil y grabar en mis retinas lo que os contaré dentro de un par de capítulos.

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Acerca de Antonio González

Profesor de Física y Química. Actualmente trabajo en el IEDA como profesor de adultos online.
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2 respuestas a Road to Iceland (part 5)

  1. “A palito” me saben a mí tus crónicas. Niño, cuenta para qué has ido y qué haces en todo el día, anda; deseosos de leer sobre tu experiencia en ese país que huele a podrido. Abrazos

  2. Antonio González dijo:

    Loly para eso necesito algo más de tiempo y entre baño termal y ver volcanes… 😉

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