Road to Iceland (part 4)

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Sigue nuestro periplo por Europa, ahora ya camino de Islandia, por fin. Durante el vuelo cenamos de nuevo comida de juguete. Ahora el pollo con pimentón se ha transmutado en ternera pseudoasiática. Un bombón con forma de oso berlinés ha sido el postre.

El vuelo dura tres horas cuarenta y el cansancio aprieta. A mi me desespera no conseguir dar una cabezada. Afortunadamente me distraigo adoptando el rol de camionero de Los Palacios transportando sandias… en el IPad. Muy divertido. Tanto, que mi compañero de asiento, un alemán muy alemán que va, digo yo, a darse unos baños geotérmicos y de naturaleza virgen con su esposa a Islandia, no ha podido contener una risotada al ver que en mi primer servicio he perdido y destripado toda mi mercancía sandil (de sandías para los que leáis esto en modo neuronas off). Muy educadamente me ha lanzado un sorry-sorry y yo, sin dejar el volante de mi camión virtual, la profesionalidad es la profesionalidad, le he devuelto una fugaz mirada de soslayo aliñada con una dosis de condescencia a lo Merkel-mirando-a-Rajoy. Vaya, que le he perdonado la vida. Con su tamaño, la mirada condescendiente era un objetivo más que plausible.

Por la ventanilla vemos un precioso mar de nubes violetas. El sol intenta ponerse pero nosotros lo perseguimos, de modo que parece que la noche berlinesa no continua, sino que se quiebra convirtiéndose en un permanente atardecer que ya seguirá con nosotros hasta Reikjavik.

Allí llegamos felices a las 12:20 de la madrugada hora local (las 2:20 de Sevilla) y al salir del avión una bofetada de olor a madera nos trae a la memoria Ikea. ¡Qué triste! A mi antes, cuando era persona, el olor a madera me recordaba a la carpintería de Saturnino, el padre bonachón y de dedos gordos de mi amigo Fernando, un trabajador prejubilado de astilleros recuperado para el endeble sector secundario de mi pueblo, un carpintero de aquellos de chaleco de lana mil millones de veces sacudidos y nunca libres de serrín. Descanse en paz Saturnino y todos los hombres de bien.

Una de nuestras anfitrionas nos espera con una de las furgonetas de su instituto para llevarnos a nuestro apartamento en la capital. La bandera de Islandia no es la de Japón, pero eso es un puntazo y lo demás es tontería. Vaya por detrás, tú lo pones por delante, que ella está de vacaciones ahora mismo y es sábado night, no muy oscurito, pero night night joder. El paisaje además de extraño tiene un punto de lunar tirando a desolado. Tranquilo Antonio, no seas impaciente.

¿Lo de no muy oscurito lo has cogido? Estando tan al norte y rotando la Tierra sobre un eje inclinado respecto de la eclíptica (imagíneseme ahora mismito el lector frotando mis uñas de la mano derecha sobre el hombre izquierdo), durante los meses de verano, el sol se oculta tímidamente bajo el horizonte y vuelve a salir minutos después dejando la noche en un intento de oscurecerse, en un quiero pero no me da la gana, que nos deja desconcertados a los que cuando llega la hora de dormir vemos un cielo, sin estrellas, pero oscuro cojones, oscuro. Así no es de extrañar que los estudiantes islandeses estén celebrando el final de curso a las tantonas y que haya locales que cierran a las 5 de la mañana. Lo que sí que me extraña es que mis compis quieran salir a explorar el medio urbanita circundante en lugar de tomar una ducha y dormir, como harían a esta hora los rancios sevillanos de pura cepa después de ver “la copla” en Canal Sur. Esto no me lo va a perdonar mi amiga Peralías. Vaya en mi descarga que ella sabe que ella no es rancia sevillana, ella es Peralías, única e irrepetible.

Bueno ya os contaré el próximo capítulo de Gran Hermano. Yo, antes monjil ahora rancio, me voy a la piltra.

Besos para todos, menos para los que se arañan los párpados por dentro de envidia. Para esos una seguridad social a lo Ana Mato.

Pd: Pedro tú no estás entre ellos.

Pd para los tiquismiquis: la foto es del vuelo diurno, una licencia que me he tomado porque yo lo valgo.

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Acerca de Antonio González

Profesor de Física y Química. Actualmente trabajo en el IEDA como profesor de adultos online.
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Una respuesta a Road to Iceland (part 4)

  1. Antonio González dijo:

    Se intentará Luis pero las jornadas son larguísimas y si narras la noche “escurita” no la vives… Abrazos.

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