From Hell

Foto de From Hell sobre mi portátil con twitter en la pantalla

Os prometo que esto no es el infierno. Es un punto de la costa andaluza, prefabricado, sin ninguna solera (aunque está rodeado de mucha) donde cae el sol buscando un punto del horizonte. “From Hell” es el segundo cómic de Alan Moore que leo este año. Acabo de terminarlo sentado en una tumbona (no aguanto mucho rato la misma postura jajajaja) y la verdad es que ha merecido la pena. El primero, que me trajo a este,  merece otro post y será un post posterior para contrariar el orden lógico de las cosas.  Así me parecerá que imito la pericia narrativa de este anarquista británico (perdona Alan es lo que dice la humanidad de ti en Wikpedia, un motivo más para alimentar tu misantropía).

La historia es una especulación sobre la identidad de “Jack the ripper” ( ripper de ripear, de destripar, lo que hacen algunos con los deuvedeses y cedeses para no pagar derechos ni aunque los doblen) y no importa que sea o no cierta , la historia digo, porque lo que importa es el ambiente, esas viñetas convertidas en mirillas que se alían con esa ancestral tendencia al voyeurismo, al cotilleo, al morbo de  gran parte de la humanidad, sin duda esa que desprecia el querido Alan.

El dibujo es oscuro, confuso, por momentos críptico; a mi me recuerda la espesa niebla de un sórdido barrio londinense, esa niebla que la televisión ha sembrado en nuestra imaginación y ha convertido en un lugar común incluso para los que, como yo, tenemos la desgracia de no conocer la metrópolis de la pérfida Albión. Da lo mismo que te adelantes a los acontecimientos, esto no es una peli barata en la que visto el tráiler puedes ahorrarte los noventa minutos de vida malgastada. No, aunque sepas de qué va, qué va a ocurrir, quieres dejarte seducir por la música de fondo de un narrador experto que te seduce bocadillo a bocadillo. Si te atreves a adentrarte en las quinientas y pico páginas de la edición de Planeta Agostini encontrarás placer y desconcierto en proporciones que suman más de cien (porque hay desconciertos placenteros). Te lo digo yo que estoy escuchando una música digna de buscar un escalpelo y empezar a perseguir al prenda que ha grabado el cedé para colocarlo como castigo de las almas sensibles que escriben posts al atardecer mirando al horizonte. ¿Cuántas veces tendrá el láser que reflejarse en la pista en espiral de policarbonato, aluminio y laca antes de que algún cliente se transforme en un asesino en serie? Perdón, que desvarío.

Esta historia  me ha recordado a otra lectura, la del “Extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”. Cuando leí esta novela hace años, Stevenson me enredó de tal modo que se me olvidó que estaba leyendo una historia que había visto cientos de veces en la tele.

Cuando un escritor es capaz de contarte una historia que se supone que no tiene secretos para ti y te subyuga, ese escritor es el puto amo.

Pd: Perdonen ustedes mi lenguaje barriobajero pero es que estoy viendo la segunda temporada de la mejor serie de TV de la historia y todo se pega, menos lo guapo.

Pd bis: Gracias a mi ángel de la guarda ortográfico, María, he descubierto que existe el escarpelo y el escalpelo. 🙂

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Acerca de Antonio González

Profesor de Física y Química. Actualmente trabajo en el IEDA como profesor de adultos online.
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