Desde un castillo

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Cierra los ojos. Piensa en un castillo. Un castillo con sus torres, sus almenas, sin foso. Piensa en un castillo en lo más alto de una montaña no muy alta pero desde la que se puede ver África, la bahía de Algeciras, el Peñón de Gibraltar y la Sierra de Grazalema. Aprieta un poco más los ojos. Desde lo alto del castillo podrás ver una mancha blanca que es Ubrique. Espera, espera. No los abras aún. Si te das la vuelta verás un embalse que casi no parece un embalse, parece el lago que necesita cerca cualquier castillo. Gírate un poco. Aunque no abras los ojos podrás ver una veintena de casas, bueno sus tejados y una torre humilde de iglesia humilde y una plaza que algún historiador bien podría adjetivar de armas pero que tú te la vas a imaginar andaluza: blanca, verde y, de buganvilla, rosa. Entre las paredes del castillo hace 40 años malvivían 2000 personas. Hoy sólo viven, pausadamente, 23. ¿Quieres abrir los ojos? No los abras aún, espera. ¿Hueles? ¡Sí! Es la higuera preñada de higos todavía verdes que inunda con su fragancia áspera el aire a su alrededor. ¿Oyes? Ese piar hambriento son las crías de unas cuantas parejas de cernícalos primilla que se alborotan cuando ven aproximarse a alguno de sus progenitores con comida en su pico. ¿Aspira, aspira? Sí, es el jazmín que te anuncia que el sol está cayendo. No te rindas, espera un poco y sigue imaginando con los ojos cerrados. ¿Te imaginas andar por un pueblo encerrado en un castillo, tres calles, cinco plazuelas, 20 o 30 puertas cada una de un color distinto, humildes chimeneas, piedras que añoran romper rodillas infantiles que ya no corretean por ese ínfimo laberinto encalado? ¿Y esto adónde lleva? Vamos a ver: al bancón de los amorosos. No hace falta que te diga más, ¿verdad? Allí estuve yo con ella y no nos dijimos nada. ¿Quieres tocar? Áspero, ¿verdad? Es el líquen del año pasado y del año anterior y el del anterior y… Son los líquenes de una vida granítica que se descompone a un ritmo que nos pasa inadvertido. ¡Mira al cielo, mira rápido! Sí, son buitres. Buitres enormes elegantemente vestidos, con un cuello engalanado, orgullosa resistencia a la extinción.

¡Qué fácil volar! Yo también sé volar, pero tengo que cerrar muy muy fuerte los ojos. ¿Tú no sabes? Ven, dame la mano, no abras los ojos, nos vamos.

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Acerca de Antonio González

Profesor de Física y Química. Actualmente trabajo en el IEDA como profesor de adultos online.
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7 respuestas a Desde un castillo

  1. manuel dijo:

    PoéTICo. En serio, muy bonito el texto que hace justicia a las fotografíasy al momento.
    (ManuElpielRoja)

  2. onio72 dijo:

    Gracias Manuel. Oye, tú y yo nos debemos una desvirtualización cervecera. A ver si convencemos a mi jefe, ¿no?

  3. Pepa dijo:

    Antonio, tu texto está magníficamente bien escritos plagado de recursos e imágenes. Piénsalo, igual nos estamos perdiendo un gran escritor. Y las fotografías fantásticas…
    Un abrazo

  4. onio72 dijo:

    Un garbanzo no hace puchero Pepa, jajaja. Muchas gracias. He decido abrir este blog a otros aspectos de mi vida porque no sólo de tICs vive el hombre, ni la mujer. Muac.

  5. Me parece que no queda una idea diferente que comentar al hilo de este post: preciosa descripción, tal vez, cuántas ganas dan de ir allí y ver, oir, oler, tocar (te faltó contarnos lo bien que te supo la cerveza al atardecer), sentir todo lo que describes con tanta emoción. Las fotos dan buena cuenta de que toda esa belleza es real, objetiva, pero lo que tú cuentas va más allá… así que eres un hombre actualmente afortunado, y que dure.

    Gratamente sorprendida por este talento tuyo que no conocía (aunque, para ser sincera, no debería haberme sorprendido). Espero que nos deleites con tus producciones más a menudo.

    Un abrazo.

  6. onio72 dijo:

    Muchas gracias Nicolasa. Me halaga (me deshonra haber escrito halagar sin hache pero ya está arreglado) mucho tu comentario puesto que viene de alguien que tiene un profundo sentido de la poesía y de la belleza, o al menos eso me parece a mi que destila tu microblog. Ciertamente falta el sentido del gusto. La cerveza no era suficientemente sabrosa como para colarse en esta seudocrónica pero el queso de oveja payoya que nos tomamos sí.
    Con este post he inaugurado un giro a mi blog. Hasta ahora reprimía mis ganas de escribir cuando no tenía que ver con el propósito original del blog pero creo que eso de fragmentarnos y presentarnos por trocitos no tiene mucho sentido. Voy a probar y a ver qué pasa. Tu comentario me anima a seguir, gracias. 😉

  7. alfonso dijo:

    Gracias por hacernos partícipar en esa belleza, esas sensaciones y emociones. ¡Qué completo eres!
    Como ha dicho alguien: eres afortunado.
    Saludos

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